Historia de la fecundación in vitro

Actualmente las técnicas de reproducción asistida forman parte de nuestro día a día. Según la OMS, cerca de 50 millones de parejas y más de 180 millones de personas tienen problemas de fertilidad. Estas cifras demuestran lo comunes que se han convertido las historias de bebés que han nacido gracias a las técnicas de reproducción, entre ellas, la fecundación in vitro.

Tal vez sólo queda pendiente conseguir que se pueda hablar de ello abiertamente sin ningún tipo de reparo. Esto ayudaría a la normalización de la situación y también haría más fácil a las parejas todo el proceso que les toca vivir.

La ciencia ha permitido conseguir muchos avances desde que, en 1978, nació el primer bebé con la técnica de fecundación in vitro. Fue una niña, y llegó al mundo en el Reino Unido, más concretamente cerca de la ciudad de Manchester. Lo que aquel día fue un logro revolucionario, hoy en día se ha convertido en una práctica muy habitual. Sólo en España se realizan cerca de 150.000 fecundaciones in vitro al año.

Estas cifras han provocado una gran evolución y mejoras en las técnicas que acompañan el tratamiento, aumentando así las probabilidades de éxito. Ha evolucionado el trabajo común entre biólogos y equipo médico, propiciando la aparición de especialistas en este campo.

En CIRH, nuestro equipo médico analiza cada caso de manera individual y personaliza el tratamiento para cada una de nuestras pacientes. Si los detalles del caso llevan a nuestros especialistas a pensar en la posibilidad de realizar una fecundación in vitro para conseguir el embarazo, llevamos a cabo el tratamiento con las especificaciones que precise cada caso (con óvulos y semen propios o con donación de óvulos y/o semen).

Los grandes avances que se han conseguido en el campo de la medicina siempre han tenido una fase previa de ensayos con animales. Desde la creación de cualquier vacuna hasta la validación de un medicamente para curar cualquier enfermedad. La fecundación in vitro no es una excepción y, antes de conseguir llevarlo a cabo en mujeres, se realizaron diferentes pruebas en animales.

A finales del siglo XIX ya se llevaban a cabo estudios para conseguir realizar una inseminación fuera del útero y poder conseguir una correcta evolución del embrión. En 1890 Walter Heape, zoólogo y embriólogo británico, consiguió por primera vez transferir un embrión de conejo. En este caso el problema apareció en la evolución del embrión.

El valor de este gran paso se pudo poner en valor cuando el siguiente logro en este campo se demoró 59 años. Fue en 1949, cuando John Hammond Jr.  Consiguió que un embrión de ratón consiguiera sobrevivir hasta llegar al estado de blastocisto (quinto día de evolución).

Dos años más tardes el biólogo chino-estadounidense Min Chueh Chang y el profesor en biología Colin Russell Austin descubrieron, de manera paralela, la capacitación espermática, un paso importante para mejorar la capacidad de fecundar el óvulo. El propio Chang, en 1959, consiguió el nacimiento de conejos a través de la fecundación in vitro.

Sólo un año después se consiguió otro avance importante para el sector de la ginecología. Fue en 1960 cuando, de la mano de Patrick Steptoe, obstétrico y ginecólogo británico, se implementó el uso del laparoscopio para visualizar los órganos pélvicos.

Tres años después, los que finalmente serían los artífices del primer nacimiento, el propio Patrick Steptone y Robert G. Edwards, fisiológico pionero en el campo de la medicina reproductiva, consiguieron un embarazo ectópico en las Trompas.  El éxito definitivo llegó el 25 de julio del 1978, día en el que nació Louise Brown, la primera bebé fruto de una fecundación in vitro. Fue en Oldham, ciudad muy próxima a Manchester, y su nacimiento revolucionó el sector.

Cuatro años más tarde, nació su hermana, también gracias a la fecundación in vitro. Ella fue el bebé 40 nacido gracias a este proceso. Si antes comentábamos que actualmente se realizan 150.000 FIV anuales en España, se puede ver cómo ha evolucionado el sector en poco más de cuatro décadas.

Este primer nacimiento de lo que se conocía como “bebé probeta” abrió muchas puertas a la medicina reproductiva. Gracias a este logro, en 2010, Edwards recibió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina.

Con 42 años, Louise Brown es madre de dos niños que fueron concebidos de manera natural y que llegaron al mundo sin ningún problema. Su hermana tiene 4 hijos, concebidos también sin ayuda, convirtiéndose en 1999 en la primera persona que nació por fecundación in vitro y tuvo descendencia de manera natural.

La fecundación in vitro es el tratamiento más utilizado en el sector de la reproducción asistida. Los porcentajes de éxito lo convierten en una opción muy fiable para intentar conseguir el objetivo de ser madre. Con todas sus opciones se adapta a la mayoría de casos en los que la pareja tiene problemas para concebir, y en los casos en que la primera opción de tratamiento no funcione, suele ser una segunda opción muy aconsejada.

Su principal característica es que la fecundación del óvulo con el espermatozoide se realiza en el laboratorio, fuera del útero de la mujer. Una vez fecundado, si evoluciona correctamente, se convierte en el embrión que se podrá transferir en estadio de célula (con 2-3 días de evolución) o en estadio de blastocisto (con 5 días de evolución).

Una vez los embriones hayan evolucionado, los embriólogos valoraran su morfología y ritmo de división para poder escoger el que mejor valoración tenga para transferir. Los embriones que no se transfieren en el ciclo en fresco o, en el caso de hacer un ciclo segmentado, todos los embriones evolutivos, se vitrificaran para poder ser usados en un futuro, ya sea por la propia pareja o, si así lo deciden, para ofrecer la posibilidad a otra mujer o pareja de realizar un tratamiento con donación de embriones.

La fecundación in vitro es un tratamiento que, como hemos comentado antes, se puede adaptar fácilmente a la mayoría de casuísticas que puedan presentar nuestras pacientes. Es por eso que, dentro del proceso que acompaña el tratamiento, hay hasta cinco variedades que permiten ajustarlo a la perfección a cada situación.

Si la mujer tiene pareja masculina, cuenta con una buena calidad ovárica y el hombre tiene una buena calidad espermática, la fecundación in vitro se realiza con los gametos de ambos miembros de la pareja. En el caso que esta mujer tenga problemas ováricos y no se considere adecuado intentar la fecundación con sus óvulos, se puede optar por la fecundación con óvulos de donante, así como si el problema proviene de la pareja masculina debido a una mala calidad espermática, también se puede decidir realizar una fecundación in vitro con semen de donante. En ocasiones el equipo médico también se encuentra con la situación que ambos miembros de la pareja tienen problemas que dificultan conseguir el embrazo, situación en la que se puede orientar el proceso con la opción de doble donación (de semen y de óvulos).

Estas dos últimas variaciones del tratamiento también son opciones indicadas para mujeres que quieren ser madres solteras. En esta ocasión siempre necesitaran la aportación de un donante de semen y, en caso que no tenga una buena calidad ovárica, se puede seleccionar una donante de óvulos.

El otro perfil de pacientes que recibimos en CIRH son las parejas lesbianas. En este caso, pueden optar a las mismas opciones que las de madres solteras o también pueden recurrir a la quinta variedad de fecundación in vitro, el método ROPA.  Esta opción es la ideal en los casos en los que las dos mujeres quieran ser parte activa de proceso de embarazo. Una de ellas se someterá a la estimulación ovárica y aportará el óvulo que será fecundado con la muestra de semen del donante, y la otra será la que gestará el embrión. En los casos en los que el historial médico de ambas no muestre grandes diferencias pueden ser ellas las que elijan la que aportará los óvulos, pero si por cuestiones médicas se prevé que una de las dos puede aportar mejor calidad ovárica, el equipo médico recomendará su elección.

Los avances en el campo de la reproducción asistida a lo largo de la historia han sido claves para muchas familias para poder tener hijos. Lejos quedan ya aquellos experimentos de finales del siglo XIX para fecundar óvulos de animales en el laboratorio, incluso aquellos primeros intentos con mujeres que no evolucionaron como se esperaba. Hoy en día la reproducción asistida está muy presente en nuestra sociedad y la fecundación in vitro es el tratamiento que más mujeres siguen para conseguir ser madres.

La ciencia ha demostrado que es posible solventar algunos problemas de fertilidad con participación médica y que los bebés nacidos pueden vivir una vida como cualquier otra, pudiendo incluso ser madres sin necesidad de someterse a un tratamiento de reproducción asistida.

Esta revolución médica es más contemporánea de lo que quizás se puede pensar. Hace tan solo 43 años que nació el primer bebé gracias a la fecundación in vitro, una niña. En los inicios, nacían una decena de niños al año gracias a la fecundación in vitro. Actualmente, sólo en España, se realizan hasta 150.000 fecundaciones in vitro al año, convirtiéndose en 35.000 nacimientos.

Este dato deja clara la importancia de la normalización de este tratamiento para muchas familias y sobre todo también evidencia que es un tratamiento que, gracias a sus diferentes modalidades, puede ayudar a diversos perfiles de madres y/o familias.

30 junio 2021|Fecundación In Vitro|

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